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lunes, 13 de abril de 2009

Vacío




Cuando te fuiste de mi lado no lloré. Me ayudó la rabia al recoger tu diagnóstico: ¡Metástasis!
La frialdad e indiferencia entraron en mi corazón y como en un cristal golpeado con fiereza, se quedó allí fragmentado en miles de pedazos y atrapado en él, mi dolor se congeló. Dos meses después te llevé flores del campo, descuidado por tu ausencia. Los recuerdos pasaban por mi mente.
Días enteros abrazando la esperanza.
Tu mirada vidriosa. Decían que dormías pero yo veía una lágrima brillar que a veces resbalaba por tu cara.
Tu fuerza desprendiéndose de ti, haciéndote prisionero del desaliento y esclavo de tu enfermedad.
Ahora me paseo entre tus árboles y cuando llueve, del olor a tierra mojada se desprende el aroma de aquella colonia que usabas.
Rescaté la carta que te escribí de niña.
Cuando es de noche miro al cielo. ¿Será verdad padre que ahí estás tú?

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