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sábado, 25 de abril de 2009

EL SILENCIO



Dicen que el silencio
no tiene palabras
y que sólo se puede oír en él,
el eco de las que el viento arrastra.

Sin embargo yo te digo
que están ahí
unas veces calmadas,
otras dormidas

Pero cuando estallan
un cuchillo puede cortar ese silencio
que se hace denso
pesado y triste.

Es entonces cuando el eco se pierde
en la lejanía
lleno de susurros y roces
y es entonces
cuando llegan a mí, sus voces.

jueves, 23 de abril de 2009

¡AMIGO MIO!




Amigo querido,
anhelado,
miles de veces buscado,
¡cuántas sensaciones
en mi corazón
has despertado!

Atrapada
entre tus brazos
voy deslizándome
por todas las estaciones
de tu vida

Un verano cálido
un otoño de colores
un invierno gélido
una primavera de flores.

Eres compañero fiel,
me ayudas en mis decisiones
me alegras en las verdades
y me alejas del ahogo
de las mentiras,
cuando te tomo.

Y cuando llega la noche
avanzando en las horas
y en el sueño entrando,
tú, quieto y a mi lado
y el nuevo momento esperando
en el que con gozo
entre en tí de nuevo.

Las historias se entrelazan
y me sumerjo
en tu mundo
y cuando llega el alba
tu huella aparece
en mi almohada.
El placer que me das
me estremece
y en latidos se convierte
haciéndome vibrar.

Contigo pasé
de niña a mujer
salí y entré
en ese mundo de deseos
de tensión y locura
y a veces la amargura
dejó alguna que otra lágrima
rodar por mis mejillas.

Amigo mío,
juntos viajamos
entre las nubes
como pájaros volamos
por encima de las urbes.

Yo, sentada
tú en mi regazo apoyado
a veces
entre mis brazos
bien apretado.

Compañero de esperas
delante de mí
o en la trasera
en mi bolso de mano
o en la maleta
envuelto entre papeles
o en una carpeta
pero siempre ahí
esperando
que tus hojas acaricie
para llevarme de nuevo
en ese largo viaje de placer
por tus páginas
y tus historias.
¡Amigo mío tus letras
siempre grabadas
en mi memoria!

sábado, 18 de abril de 2009

TU Y YO




Mi inquietud
no es tu inquietud.
Mis deseos
ya no son los tuyos.

Mi ímpetu
por explorar
todo lo que me rodea
para ti es risa
e ironía
porque piensas
que en mi vida
ya no cabe
ni el conocimiento.
ni la ciencia,
tampoco otra filosofía
que de ti, no venga.

Palabras y gestos…
a veces ni eso,
hay entre los dos.

Tú me dices
que yo vivo inmersa,
en mi mundo
de sueños.
Que no siento la cabeza
y que me duermo,
entre lo absurdo
e irreal.

Quieres ser dueño
no solo de mi cuerpo,
también de mi alma.
Dirigir mis pasos,
y establecer las reglas
pero a la medida,
de lo absoluto y cierto
de la tuya.

Crees que no acepto
que el pájaro de la juventud
ya voló
y quieres colocar en su lugar,
una marioneta,
para los hilos mover,
según tu forma,
sin saber,
que siempre existe
y existirá,
esa parte de mí
que tú ni nadie
conocerá jamás.

Y es en ese momento
a solas,
en ese recuerdo imborrable,
donde persigo,
mis ansias de vagar,
por caminos,
que nunca imaginarás
que sigo.

Somos como la noche
y el día.
Tú, todo reproche
y yo, melancolía.

Construimos juntos,
lo que debimos,
yo según tu instinto,
y tu deseo.

Pero ahora quiero manejar
mi propia historia,
no desde tu realidad,
sino desde mi memoria
y las ganas de libertad.

EL VIAJE



Esos ojos tuyos,
traspasando las barreras
de su color oscuro,
me muestran en su espejo
y a la deriva, pateras,
surcando las olas
de un embravecido mar
y en ellos veo el reflejo
de una lágrima rodar.

Atrapada
tu mirada en la mía,
doliéndome el brillo,
deslizándose por mi rabia
el sentir de tu destino

Empujada
al letargo del sueño
que veo en tus pupilas.
Arrastrando
el calor de una manta
pegada a tus rodillas.

Tus manos tiemblan
queriéndose cubrir
las doloridas piernas.
¡Qué largo el camino
que recorriste, pequeña!
¡Qué triste viaje!

Eres fuego,
devorándome las entrañas
y caigo en la oscuridad
de tu miedo,
sintiendo
sensaciones extrañas.

Y mientras tú callas,
yo me hundo en las tinieblas
de tu pozo de ilusiones.
Ahogándome
en ese abismo de horrores.

Avergonzándome
al pertenecer a este mundo
donde tú no tienes ¡nada!
y a otros en cambio les sobra
¡frialdad en sus corazones!.
Quisiera abrazarte
Pero mis pies
se detienen
Porque me siento culpable

Dos preguntas me hieren
¿Qué hizo tu país
para evitarte el venir?
¿Qué hace el mío
para no dejarte ir?

jueves, 16 de abril de 2009

RECUERDOS




Arrebatada,
por la brisa de tu boca.
Tus besos me dieron la vida
curaron mis heridas
y me hundieron
en el embeleso
de nuestra pasión loca
abrasándome en su fuego.

Pasaron las horas
desgranándose en caricias
en el reloj
de nuestro deseo
que hoy son
de entre mis recuerdos,
delicias
restos apenas de cenizas
que a un soplo del aire
¡se reavivan!

Tus manos fueron
expertas buscadoras
de tesoros escondidos.
Tus labios
se abrieron paso
por intrincados caminos
buscando apagar
la sed de nuestros sentidos
y calmar también,
el hambre que
el uno del otro sentíamos.

Tu te deslizabas
suave y dulce
robándome
hasta el último aliento.
Y hundiéndonos
en la locura
de nuestros pensamientos
nos fundimos
¡los dos en uno!

Sentimos fluir
la electricidad.
Fuimos canales abiertos
hilos conductores sedientos
en la oscuridad
de nuestras vidas.

Miramos juntos
un horizonte iluso
y se abrazaron en él
las ansias.

Traspasamos los límites,
arrancamos las barreras
y en nuestra ceguera
construimos
un irreal castillo
donde tu eras
¡el hombre ideal!

Yo, tu princesa,
vestida de gasas y tules
bailando al compás
de la música celestial
de aquella danza

Mas cuando dieron
las 12 en el reloj
el encanto se esfumó
y cada cual
a su mundo real
¡regresó!

Sin embargo,
cuando llega la noche
y se enciende la luna
y aunque estemos
separados en la distancia
por cordilleras y montañas
nuestros pensamientos
traspasan las fronteras
y se abrazan de nuevo
en ese momento
y en el mismo camino
de ¡aquella magia!.

lunes, 13 de abril de 2009

RESURGIR




Embargada,
poseída,
por una extraña fuerza.

Voluntad
arrancada
desde lo más hondo.

Arrastrada
en los recuerdos
de tristes viviencias.

Implicada
en guerras
que hizo suyas,
de experiencias doloridas.

Intentando resurgir
de cenizas,
de apagados fuegos.

Toma de su vida
las riendas
y de nuevo empieza.

Queriendo abrir corazones
con sus historias
llenas de sentimientos
y sinsabores.

Desgranando palabras
y el tiempo
en los relojes.

Pasando páginas
de un libro viejo,
sintiendo añoranzas,
pasión y fuego,
que grita en letras
y llora en lágrimas

Decidida ya
por el camino
que reflejó su espejo

Abriendo carminos,
apartando piedras,
¡escribiendo!.

ANSIEDAD



¿Quién eres tú para decirme que no pongo nada de mi parte para cambiar?
¿Quién eres tú para desafiarme gritándome y enfureciéndote porque hace mucho tiempo que vivo en un mundo de ansiedades sin fin?
¿Cómo te atreves a reprocharme, indicarme, repetirme una y otra vez que yo puedo combatir esto que siento?
¡Tú no eres nadie! No tienes derecho a censurarme porque no eres capaz de entender por más que lo intentes lo que realmente siento en mi interior.
Mírame a la cara y escúchame con el corazón y la mente no solo con tus oídos.
Voy a explicarte lo que sucede en mi cuerpo cuando la crisis de ansiedad se hace latente:
- Estoy bien, me siento bien, veo a la gente pasar a mi lado, caminar delante o detrás de mí. Estoy paseando tranquilamente, disfrutando de la brisa de la tarde, del sol de la mañana, del azul del cielo, de la playa, de las olas que combaten a lo lejos y me siento feliz. De pronto todo cambia bruscamente. Trago saliva y siento como si la garganta no existiera y hubiera desaparecido la sensibilidad. Es como si esa saliva entrara en un pozo sin fin y me mareo pero a la vez me digo que no pasa nada, que debo relajarme e ignorar esa manera de percibir el paso de algo tan natural. Justo después esa saliva se hace tan espesa que algo le estorba al pasar. Es como si los músculos de mi garganta se hubiesen quedado tan pegados y formando una barrera tan fuerte que ya ahora es el aire el que no puede pasar y ¡me ahogo! Existe tal bloqueo que comienzo a sentir miedo y cuanto más miedo más saliva que tragar. Como la barrera continúa invisible, estrechando más y más el paso, el miedo envía su alerta al cerebro y es entonces cuando la visión se hace borrosa y me siento al borde del desmayo. Entonces comienzo a notar como si la vida se escapara de mi cuerpo y… ¡me muero!
Dime, ¿eres capaz de sentir lo que yo siento y vivir ese momento en el que estoy cayendo en ese abismo sin fin?
¡No y mil veces no! ¡No eres capaz de entender! ¡Sólo de juzgar!
A mi única y exclusivamente puede comprenderme alguien que viva lo mismo que yo. Alguien a quien también se le escape la vida. Alguien que se hunda como yo en el mismo foso oscuro de ese padecimiento que tu, de manera despectiva, dices que lo provoco yo misma.
Pues entonces intenta comprenderme y apoyarme en ese momento en el que la vida se me va. ¡Dame tu mano y ayúdame a caminar! ¡Trasmíteme seguridad, valentía y fuerza para superar ese momento tan amargo en el que se apodera de mí esa sensación horrible! ¡Mírame y háblame sin palabras! Que tus ojos sean mi guía en la oscuridad que en ese momento me embarga. Que tu voz arrastre el miedo y que tu comprensión se lleve la inseguridad.
Ahora que me has dejado hablar… ahora que he intentando expresar con palabras lo que realmente me ocurre…. ahora te toca a ti comprenderme y no negarme el derecho a sentir lo que siento porque forma parte de mí y tendré que vivir durante el resto de mi vida con esto. Al menos no me hagas, sin haberlo vivido ni sentido en tu propia piel…. ¡reproches sin fin!

Vacío




Cuando te fuiste de mi lado no lloré. Me ayudó la rabia al recoger tu diagnóstico: ¡Metástasis!
La frialdad e indiferencia entraron en mi corazón y como en un cristal golpeado con fiereza, se quedó allí fragmentado en miles de pedazos y atrapado en él, mi dolor se congeló. Dos meses después te llevé flores del campo, descuidado por tu ausencia. Los recuerdos pasaban por mi mente.
Días enteros abrazando la esperanza.
Tu mirada vidriosa. Decían que dormías pero yo veía una lágrima brillar que a veces resbalaba por tu cara.
Tu fuerza desprendiéndose de ti, haciéndote prisionero del desaliento y esclavo de tu enfermedad.
Ahora me paseo entre tus árboles y cuando llueve, del olor a tierra mojada se desprende el aroma de aquella colonia que usabas.
Rescaté la carta que te escribí de niña.
Cuando es de noche miro al cielo. ¿Será verdad padre que ahí estás tú?