Visitantes recientes

lunes, 30 de agosto de 2010

EL ABISMO



Se encontraba al borde del abismo. Miró hacia abajo. No alcanzaba a ver el fondo. Sacó un cigarrillo. Cuando iba a prenderlo, su hijo apareció como por arte de magia:
- ¡No, papa, por favor!
El niño tropezó y aquella negrura infinita lo absorbió rápidamente. Miguel pudo atrapar sus rizos en un desesperado intento por evitar su caída pero cuando miró de nuevo, éstos habían quedado prendidos entre sus manos. ¡Ya no veía al niño!
Sin pensarlo dos veces se lanzó al vacío para rescatarlo. En su caída veía a su hijo multiplicarse miles de veces. Las paredes eran espejos y en ellos se reflejaba la luz en intensos colores. Veía a su hijo de nuevo. El niño era a la vez rojo y violeta, amarillo y verde, azul y negro. El iba golpeándolos todos con sus manos, sin importarle el dolor, tratando de encontrarlo. Las manos se le iban desgarrando junto con su ropa. Recordó que el dolor tenía su propio color, el negro. Desesperado, rompió con los nudillos ese cristal y de nuevo la oscuridad atrapó la luz pero antes pudo coger a su hijo entre sus brazos. Ahora caían juntos en una vertiginosa carrera hacia ninguna parte.
Gritó con todas sus fuerzas hasta que se despertó.
¡Era una pesadilla!, pero a pesar de tener los ojos abiertos todo le parecía tan real.
Sintió el calor de aquel pequeño cuerpo a su lado y se pegó aún más a él. Dormía plácidamente y en su boca se dibujaba una sonrisa.
Ahora sentía fuerzas. Lucharía por ese niño de sonrisa triste y palabras maduras.

miércoles, 25 de agosto de 2010

EL ESPEJO



En este instante
en que me miro al espejo
me siento confundida.

Reflejada en él
soy pequeña
e insignificante.

Mi alma y mi cuerpo
sin espacios
que los separen.

Me pierdo
en los entresijos
de la mente
que ya desvaría
sorprendida
temerosa
asustada.

Son solo cristales
que me envían
una imagen
¡que no es la mía!

domingo, 15 de agosto de 2010

MALDIGO



Maldigo aquella noche
la primera
y todas las demás
en las que te veía sigiloso entrar
en aquella habitación
donde estaba mi hija
siendo yo tu compañera.

Princesa callada y triste
nunca supe leer tus labios
apretados
ni interpretar tus gestos
cansados

Es caprichosa chiquilla
no la supe educar
quizás es la pubertad
que en sus ojos brilla
cuando veía una lágrima resbalar
por tus mejillas.

Razón y locura cabalgaron juntas
estrecharon sus lazos
y se fundieron en la delgada línea
que las separaba
de ese abismo de horror
donde habitaba tu corazón.

Y se atrevió a mancillar
ese pequeño cuerpo
convirtiéndolo en un lodazal
de sentimientos

Tu mirada a hurtadillas
con la cara enrojeciendo
tus arcadas matutinas
no eran caprichos de niña
porque estabas envejeciendo.

Mi alma quiero romper en jirones
para poder vestir tu piel
y sanar tus heridas
aunque se me vaya la vida
merezco beber esta hiel
por no haberte comprendido
por haber creído en él.

sábado, 7 de agosto de 2010

LAGRIMAS



Las líneas se desdibujan
en el horizonte difuso
de un atardecer lejano
apagándose
borrando los vestigios.

Esas nubes que asomaron
derramando sus figuras
al sol ocultaron
y se tornan oscuras
musitando presagios
de que esta noche
no habrá luna.

Aflora tímida la lágrima
sin osar desprenderse
de ese retiro obligado y duro
al que la sometió su orgullo

Explora caminos
con la visión empañada
y al fin se deshace
resbalando en hilos
aturdida y extraña.

Torrente de penas ahora
el que abrasa las mejillas
voces de dolor profundo afloran
en los labios.

Se ahogan los susurros
convertidos en gritos
se abre en llanto la boca

Amalgama de silencios
encarcelados
al cruel destierro
sometidos
lloran al fin los ojos
hasta quedar exhaustos
¡rendidos!